Lluvias y logística: el impacto real en las carreteras y el transporte de carga
En los últimos días, las lluvias intensas que han afectado gran parte del país también han traído consigo un nuevo reto para quienes trabajamos en logística y transporte: el estado de las carreteras.
Hasta el momento, se han reportado más de 980 kilómetros de la red vial federal afectados, según datos de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes. Aunque una gran parte de las carreteras ya fue liberada, sigue habiendo muchos daños importantes en tramos indispensables para el transporte.
Estados como Hidalgo, Puebla, Veracruz, Querétaro y San Luis Potosí han sido los más golpeados por las lluvias, justo en zonas donde circula buena parte del transporte de carga nacional. Para quienes operamos rutas logísticas en estas regiones, el impacto es claro: cierres temporales, desvíos inesperados y tramos que, aunque ya están abiertos, siguen siendo poco confiables o de alto riesgo operativo.
Se han registrado más de 100 incidentes viales entre derrumbes, inundaciones, socavones y cortes en el pavimento. También hay puentes dañados en revisión, y en muchas zonas rurales los caminos secundarios están prácticamente intransitables. Esto afecta especialmente al transporte pesado, ya que muchas de las rutas alternativas no están diseñadas para soportar camiones de alto tonelaje. El resultado: rediseño de rutas, más tiempo de traslado y ajustes en las cargas.
A este contexto se suma un problema de fondo que no se puede ignorar: la reducción del presupuesto federal destinado al mantenimiento y desarrollo de infraestructura carretera. En los últimos años, los fondos asignados han disminuido considerablemente, pasando de $15,567 millones de pesos en 2019 a solo $6,943 millones en 2023. Aunque se ha solicitado un incremento para 2025, lo cierto es que la prioridad se ha desplazado hacia otros proyectos, como trenes de pasajeros y carga. Esta decisión ha generado recortes directos en la conservación y construcción de caminos, lo que impacta tanto en la prevención de daños como en la capacidad de respuesta ante emergencias como la actual.
Lo primero es reconocer que la planificación logística se vuelve más compleja. Ya no basta con confirmar horarios o programar entregas: ahora hay que validar condiciones de carretera, anticipar desvíos y ajustar cargas. También es un momento para reforzar la comunicación con los clientes y mantenerlos informados. A nadie le gusta que un embarque llegue tarde, pero entender por qué ayuda a manejar mejor las expectativas.
En Flensa, estamos siguiendo esta situación en tiempo real, ajustando rutas y dando prioridad a la seguridad de nuestros operadores y la carga. Sabemos que estos imprevistos son parte del camino, pero también que la diferencia está en cómo se enfrentan. Seguimos aquí, operando con responsabilidad, buscando alternativas y trabajando en conjunto con nuestros clientes para no detenernos, incluso en medio de la tormenta.