Más datos, más control: lo que viene con la manifestación de valor electrónica
En el comercio exterior, pocas cosas cambian de un día para otro. Casi siempre los ajustes llegan de forma gradual, envueltos en reglas, prórrogas y comunicados que parecen lejanos… hasta que un día se vuelven obligatorios. La Manifestación de Valor Electrónica es uno de esos cambios que hoy muchos ven como administrativo, pero que en realidad marca un nuevo nivel de control y responsabilidad para los importadores.
El SAT ha dejado claro el rumbo: menos papel, más trazabilidad y mayor visibilidad sobre cómo y por qué se declaran los valores de las mercancías que entran al país. La Manifestación de Valor, conocida durante años como el Formato E2, no es nueva para quienes importan de forma regular. Lo que sí cambia es la forma en que la autoridad quiere recibirla, almacenarla y cruzarla con el resto de la información aduanera.
A partir de diciembre, la transmisión de este documento se mueve a la Ventanilla Única de Comercio Exterior, con una prórroga que permite seguir usando el esquema tradicional hasta marzo de 2026. En el papel suena flexible, incluso amigable. En la práctica, es una señal clara de que el SAT se está preparando para exigir mucho más orden y consistencia en la valuación.
La Manifestación de Valor no es un trámite aislado. Es la base sobre la cual se calculan impuestos, se justifican precios, se validan operaciones entre partes relacionadas y se detectan posibles subvaluaciones. Cuando esa información se vuelve electrónica, editable y rastreable en el tiempo, el margen de error o de improvisación se reduce considerablemente.
Uno de los puntos más llamativos del nuevo esquema es la posibilidad de modificar la información de manera extemporánea sin sanciones. Esto, más que una concesión, parece una admisión tácita de la realidad operativa: pocas empresas tienen expedientes perfectos desde el primer momento. Aun así, el mensaje de fondo es claro: habrá menos castigo inmediato, pero más memoria institucional. Todo queda registrado, todo puede revisarse después.
Este cambio no llega solo. Coincide con una reforma más amplia a la Ley Aduanera, que entrará en vigor en 2026 y que busca reforzar la fiscalización y combatir prácticas irregulares. El problema, como han señalado varios actores del sector, es que la línea entre modernización y sobrerregulación puede volverse muy delgada. Más controles, más datos y más cruces de información también pueden traducirse en retrasos, costos adicionales y mayor presión operativa, especialmente para quienes no tienen procesos bien estructurados.
En un contexto donde México compite por atraer inversiones, fortalecer el nearshoring y mantener la fluidez con Estados Unidos, cualquier fricción extra en aduanas se siente de inmediato. No solo en el importador, sino en toda la cadena: transporte, almacenes, producción y entregas finales. La eficiencia deja de depender solo de mover la carga y pasa a depender, cada vez más, de qué tan sólido es el respaldo documental de cada operación.
Por eso, más que preguntarse si la Manifestación de Valor Electrónica es obligatoria hoy o mañana, la pregunta real es otra: qué tan preparados están los importadores para operar en un entorno donde la autoridad sabe más, ve más y recuerda más. Quien use este periodo de transición para ordenar información, revisar criterios de valuación y alinear a sus equipos tendrá ventaja. Quien lo deje pasar, probablemente lo sentirá después en revisiones, requerimientos y ajustes costosos.
En Flensa, entendemos que el comercio exterior no solo se mueve con camiones, sino con información bien hecha y procesos claros. Por eso acompañamos a nuestros clientes no solo en el traslado de su carga, sino en la comprensión del entorno en el que operan. Porque cuando las reglas cambian, la diferencia no está en reaccionar, sino en anticiparse. Y como siempre, seguimos transportando lo más importante… tu confianza.